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Barreras en la Organización

16 de enero de 2026 por
Barreras en la Organización
VALERIA MARQUEZ VILLEGAS

Imaginemos una situación en la cual los miembros de la  organización estuviesen rodeados de muros e incomunicados.   Sería imposible trabajar en dichas circunstancias.  Esto es exactamente lo que ocurre a nivel interior cuando cedemos al  dinamismo del orgullo, en el cual  la persona construye una especie de cárcel para protegerse de su entorno, pero paradójicamente está tan perfectamente diseñada que no puede salir de ella.     

La soberbia es uno de los vicios más difíciles de erradicar pues la persona  al creerse superior al resto no acepta ningún tipo de ayuda o no cree necesitarla.   Estas personalidades egocéntricas buscan  constantemente probar que sus opiniones y acciones  son las correctas. La prepotencia, la indiferencia hacia los demás o la falta de escucha van deteriorando el clima laboral de la organización.   

En el caso de los jefes o líderes de la organización esta actitud es especialmente nociva.    Testimonios de  trabajadores formulan su inconformidad con dicho autoritarismo al comentar que sus jefes ni siquiera los escuchan o aceptan sugerencias.  Investigaciones realizadas muestran que los ambientes de castigo y temor merman el dinamismo creativo e  iniciativa  en  la organización.    (ver fuentes de nuestros estudios)

Diversos estudios en Europa y América (quitar), por ejemplo, concluyen que una de las principales causales de renuncias  son los maltratos de distintos tipos– verbales o no verbales – y manipulaciones psicológicas.   Los trabajadores por miedo a ser despedidos,  esconden el tipo de frustración que tienen ante diversos tipos de actitudes de jefes, quienes humillan de distintas maneras a sus subalternos. En  un marco de paciencia y respeto se debe buscar el momento apropiado para abordar el tema con valentía y transparencia y evitar así este tipo de situaciones.

La autoridad debe ser siempre entendida como una oportunidad de servir a las personas que están a nuestro cargo.  Esto requiere purificar toda visión ególatra que busca afirmarse en el poder y desterrar toda ambición distorsionada.  Se requiere tomar conciencia que cometemos errores y poder así abrirnos con humildad en apertura a la verdad.      

 El verdadero líder valora la dignidad de la persona que tiene a su cargo y se descubre responsable de guiarla para desarrollar su potencial. 

Autor: Carlos Muñoz Gallardo

Consultor en desarrollo humano, Cultura organizacional y Responsabilidad Social con expertise en Dinámicas de empresas familiares.


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