Imaginemos una situación en la cual los miembros de la organización estuviesen rodeados de muros e incomunicados. Sería imposible trabajar en dichas circunstancias. Esto es exactamente lo que ocurre a nivel interior cuando cedemos al dinamismo del orgullo, en el cual la persona construye una especie de cárcel para protegerse de su entorno, pero paradójicamente está tan perfectamente diseñada que no puede salir de ella.
La soberbia es uno de los vicios más difíciles de erradicar pues la persona al creerse superior al resto no acepta ningún tipo de ayuda o no cree necesitarla. Estas personalidades egocéntricas buscan constantemente probar que sus opiniones y acciones son las correctas. La prepotencia, la indiferencia hacia los demás o la falta de escucha van deteriorando el clima laboral de la organización.
En el caso de los jefes o líderes de la organización esta actitud es especialmente nociva. Testimonios de trabajadores formulan su inconformidad con dicho autoritarismo al comentar que sus jefes ni siquiera los escuchan o aceptan sugerencias. Investigaciones realizadas muestran que los ambientes de castigo y temor merman el dinamismo creativo e iniciativa en la organización. (ver fuentes de nuestros estudios)
Diversos estudios en Europa y América (quitar), por ejemplo, concluyen que una de las principales causales de renuncias son los maltratos de distintos tipos– verbales o no verbales – y manipulaciones psicológicas. Los trabajadores por miedo a ser despedidos, esconden el tipo de frustración que tienen ante diversos tipos de actitudes de jefes, quienes humillan de distintas maneras a sus subalternos. En un marco de paciencia y respeto se debe buscar el momento apropiado para abordar el tema con valentía y transparencia y evitar así este tipo de situaciones.
La autoridad debe ser siempre entendida como una oportunidad de servir a las personas que están a nuestro cargo. Esto requiere purificar toda visión ególatra que busca afirmarse en el poder y desterrar toda ambición distorsionada. Se requiere tomar conciencia que cometemos errores y poder así abrirnos con humildad en apertura a la verdad.
El verdadero líder valora la dignidad de la persona que tiene a su cargo y se descubre responsable de guiarla para desarrollar su potencial.
Autor: Carlos Muñoz Gallardo
Consultor en desarrollo humano, Cultura organizacional y Responsabilidad Social con expertise en Dinámicas de empresas familiares.